Lima, Irresponsablemente Democrática
Aún me acuerdo de aquella campaña de los 90, cuando una esbelta y joven Susy Díaz, cacheteaba a todos los publicistas de la época y se tiraba al tacho todas las estrategias de comunicación con ese bendito número 13 que meneaba por todas las calles de Lima, asegurándose así un potente share.
En tiempos actuales, dejando atrás tan ingeniosa creatividad, saltan a la escena política otros dos personajes mediáticos, artístas, pero desde el otro lado del poder, desde la Popularidad.
No es un secreto que Mónica Sánchez y Christian Thorsen, actores de la sintonizada serie “Al fondo hay sitio", apoyen fervientemente la candidatura de Susana Villarán
En varias apariciones públicas han emitido incansables mensajes de aliento para la Alcaldeza-Candidata y de reflexión para el Electorado-Desinformado. Este apoyo ha llegado a su clímax en los últimos días, con llamadas telefónicas que son realizadas personalmente por estos dos populares actores.
Este método, de utilizar a referentes de la farándula, no es nuevo, es tan antiguo como las propuestas de cada candidato, a manera de Copy-Paste- Reciclado.
Más allá de repetir Estrategias, no debería preocuparnos el apasionado y desinteresado apoyo de estos dos artistas.
Lo que si puede resultar preocupante es como decodifica, el elector, este mensaje de apoyo.
Y por este motivo me animo a preguntar, en voz alta, si nosotros - los que tenemos el poder de elegir - hemos aprendido y madurado con los golpes de la corrupción, de las promesas incumplidas y de los discursos inverosímiles; o aún somos esa “raza distinta”, incoherente e irresponsable? La misma que en los 90 hizo posible que Susy Díaz deposite, en un escaño, el número 13, la misma que ahora lleve a Susana otra vez al palacio municipal tan solo por el hecho de creer que Mónica es “Charito”, la madre abnegada y trabajadora, quien representa a todas las madres solteras del Perú o porque “Platanazo” es ese rubio churrísimo, el príncipe azul con el que sueñan las seguidoras de esta exitosa serie.
Debemos tener mucho cuidado con los mensajes y las campañas subliminales, pero sobre todo debemos tratar de ser responsables con nuestra ciudad y emitir un voto consciente con sentido común.
En un país, donde un buen político es quien hace obras a pesar que roba, es innegable que hay una delgada línea entre la Democracia o la estupidez electoral, aquella que puede convertirnos en un pueblo merecedor de esos malos gobernantes que pululan cada 4 ó 5 años.