Cual guionista de una película hollywoodense, casi siempre que deseo salir con mis amigos, voy estructurando en mi mente un argumento, donde el capítulo principal va cambiando en cada salida y cada historia va incrementando su dramatismo según el contexto. La semana pasada, por ejemplo, el guión se basaba en la despedida de mi mejor amigo. Este, en la sinopsis de mi argumento, se iba a vivir para siempre al viejo continente y obviamente no podía faltar a su despedida. Mi estructura narrativa iba tomando cuerpo, anticipándose a las preguntas, peros y decisiones imperativas y unilaterales de mi novia. La clásica frase antagonista a mi historia que podía esperar, anticipadamente, retumbó en lo más profundo de mi cinismo, “osea q prefieres pasar más tiempo con tus amigos que con conmigo".  

No existen jueves de "patas", viernes de "juergas" ni domingos de futbol sin discusión previa, sin que mi estómago sienta un vacio como aquellos años de adolescencia en que nervioso y sudoroso ponía mi cara más estúpida y miraba al suelo pidiéndole permiso a Mamá para salir con los muchachos. 

Precisamente hoy, camino a la oficina, iba pensando en mi desdicha cuando escuché en la radio la noticia de una mujer, que minimiza totalmente los trastornos de celos y persecución de mi novia y de todas las novias del mundo. Su nombre: Debbi Wood, una mujer británica, compatriota de James Bond, de 42 años de edad que sufre el síndrome de Otelo, un trastorno psiquiátrico que obliga a las personas que lo padecen a sufrir de celos extremos, incluso sin ninguna base sobre ellos.

Según el diario británico “The Dayli Mail” esta mujer sufre la paranoia de que su novio Steve, un desdichado británico de 30 años, que seguramente debe vivir todos los días como si estuviera en una cárcel, la vaya a abandonar.

En sus dos años de noviazgo, esta mujer ha llegado al extremo de someterlo a un “detector de mentiras” cada vez que sale de su casa. !SIGUIENTE PREGUNTA!!!  debe escuchar este pobre hombre en cada interrogatorio.

Pero la novia no solamente se contenta con interrogarlo al mejor estilo del servicio secreto británico, también lee todos sus mensajes, le prohíbe ver televisión; y como si esto fuera poco, tiene terminantemente prohibido ¿disfrutar? de las caras femeninas de las revistas. Me pregunto que le haría si un día lo encuentra viendo el inofensivo video de Sabrina saltando en la piscina.

No puedo dejar de pensar en el sufrimiento de este pobre hombre, ni de las razones que debe tener para no terminar esta relación. Tal vez podría gritar, en medio de cada interrogatorio, polígrafo de por medio, aquella frase del gran psicoterapeuta y escritor: Anthony de Mello: “Cuando te quiero, te quiero independiente de mí, y no enamorado de mí, sino de la vida. No se puede caminar cuando se lleva a alguien agarrado”.

Yo, sin polígrafo, pero con una angustia inquietante, ahora que se acerca la pichanga con los muchachos este sábado, recordaré esta frase para escribirla en una  hoja de ese libro que mi novia tiene en su mesita de noche: “Las mujeres son de Venus y los hombres son de Marte”.

Poniendo todo en contexto, en esta actualidad que polariza y etiqueta las acciones según el sexo, cabe decir que no sólo es malo y tóxico los comportamientos psicóticos como en este caso; igual de tóxico es el aguante y la permisividad de la otra parte. Ambas actitudes son erróneas, intimidante o permisiva, vengan de un hombre o de una mujer. El amor es totalmente libre, y debe vivirse sin preocupaciones ni angustias; tal como lo dice Anthony de Mello.

Por favor, no relacionar la frase de Mello con algún estribillo de Arjona; eso sería trastorno del buen gusto.

SINDROME DE OTELO
Celos de pareja